jóvenes por el clima

Desde el PFFM seguimos con el ciclo de entrevistas, relevamientos y conversaciones que queremos proponer desde Argentina para Argentina, para la región y para el mundo, sobre temas que consideramos importantes y estratégicos, de la agenda de este tiempo que nos toca.

Hoy dialogamos con Bruno Rodríguez, referente de Jóvenes por el Clima Argentina, activista y militante de la cuestión medioambiental, en una conversación que no solamente toca la dimensión climática y la agenda ecologista sino también la participación en la militancia y activismo juvenil.

CONVERSACIÓN COMPLETA CON BRUNO RODRÍGUEZ

PFFM –  Para empezar, queremos preguntarte por el origen Jóvenes por el Clima Argentina. ¿Cuál es tu reflexión y mirada sobre la centralidad que el problema medioambiental ha tomado durante los últimos años en la agenda juvenil?

Bruno Rodríguez – Jóvenes por el Clima Argentina es una expresión local de lo que en realidad es un movimiento internacional denominado Fridays for Future, impulsado por las masivas manifestaciones que se dieron originariamente en muchísimos países europeos pero que se terminaron extendiendo a nivel internacional. Este movimiento se encuadra tras las figura de la activista sueca Greta Thunberg, pero en Argentina se constituye además arraigada fuertemente a las tradiciones de la militancia socioambiental que nos provee el pensamiento de la ecología política latinoamericana. En función de la idiosincrasia tanto local como regional desplegamos nuestra experiencia militante en las distintas luchas, buscando unión entre la justicia ambiental y la justicia social.

Los pasos agigantados que se dieron en los últimos años en la importancia que se da a la problemática ambiental en Argentina tiene que ver con el impulso no solamente de los actores emergentes, algo que vemos, por ejemplo, en una juventud manifestándose  en todo el país, sino también con el empuje de tradiciones ya arraigadas de la lucha socioambiental argentina. Estas tradiciones tienen que ver con las experiencias de las asambleas anti extractivistas de la Patagonia Argentina, con las resistencias que llevaron adelante los pueblos originarios frente a los proyectos que actúan en detrimento de su condiciones de vida. También tiene que ver con actores realmente fundamentales que por el sufrimiento plasmado incluso en su propio cuerpo muestran la inviabilidad del modelo productivo actual, como lo son los pueblos fumigados a lo largo y ancho de la ruralidad del país.

En definitiva, está avanzando de un modo muy positivo la colocación de esta agenda en el centro de la discusión sobre la política nacional y si podemos intersección pliegos reivindicativos vinculados a otras luchas sociales con el ambientalismo en definitiva estos proceso se van a  ver potenciados de manera superlativa.

PFFM – Por la visibilidad y explosividad de la puesta en agenda del tema medioambiental hay muchos militantes que se acercan llenos de inquietudes y deseos de actuar, pero no siempre se conoce cómo fue el camino de este fenómeno. ¿Cómo fue tu camino, tu encuentro con Jóvenes por el Clima? ¿Y qué fue pasando en este movimiento hasta llegar a la visibilidad actual?

BR – Jóvenes por el Clima Argentina nace como una respuesta, en el año 2019, a las convocatorias que se hicieron mundialmente desde la juventud para marchar de manera articulada contra la crisis climática y ecológica. Esto se produjo después de la publicación del informe titulado 1.5 del Panel Intergubernamental de Expertos Sobre Cambio Climático, que es el organismo científico más importante a nivel global actualmente sobre la materia. En este documento se arrojaron conclusiones realmente catastróficas respecto al rumbo que transitará la humanidad si no se llevan adelante modificaciones, cambios estructurales, transformaciones de proporciones épicas en nuestros sistemas de producción y de consumo. Se habla de consecuencias que pueden tornarse irreversibles, en caso de seguir en este camino. 

Al enterarnos de esta información tan alarmante, en Argentina decidimos construir Jóvenes por el Clima, un espacio sobre el cual pudimos desplegar una convocatoria pública para  la movilización que se dio el 1 de marzo de 2019, seguido después por otras instancias que multiplicaron muchísimo su fuerza de convocatoria

En la organización me dedico a problemáticas vinculadas con la incidencia política, tanto en ámbitos institucionales como en la articulación con movimientos sociales, partidos políticos, organizaciones populares, sindicatos, y distintas expresiones de la vida social y política argentina. Y este trabajo que vengo realizando tiene sus pilares centrales sobre la victoria que pudimos obtener en distintas ocasiones al respecto. Durante el año 2019, logramos que Argentina sea declarada en estado de emergencia climática ecológica. Fue el 17 de julio, y se dio a partir de un proceso de incidencia muy fuerte. Ese mismo año logramos que se Mitigación del Cambio Climático. Posteriormente, la batería de iniciativas parlamentarias fue expandida en tanto y en cuanto el movimiento ambiental también fue creciendo. Hoy, por ejemplo, estamos debatiendo sobre la posibilidad de revitalizar el tratamiento parlamentario de proyectos como la Ley de Humedales, la Ley de Envases o Ley de Reciclado con Inclusión Social, y muchísimas leyes que hacen a la protección de nuestros bienes comunes naturales y que aportan esta tensión siempre vigente con las agendas reivindicativas de otros movimientos. 

Sabemos que las expresiones de la lucha social en Argentina no convergen todas en un núcleo común. Muchas veces operan de forma disociada, y sin duda uno de los problemas más fuertes que enfrentamos es la profundización de esa fragmentación de las luchas populares. El estado de fragmentación constituye un verdadero legado cultural que nos deja el proyecto político del neoliberalismo en Argentina. Si analizamos por tramos poblacionales, en la juventud se exacerba por mil este fenómeno. Por eso debemos necesariamente generar mejores y mayores articulaciones donde la unidad de nuestras banderas reivindicativas den cuenta de la potencia transformadora de la organización colectiva. Y el ambientalismo está embarcado en ese camino militante, aunque por supuesto se presentan muchas más barreras y dificultades que truncan este tipo de procesos.

PFFM – ¿Qué tipo de instancias ocupa la organización en este momento?

BR – En Jóvenes por el Clima nos encontramos trabajando en el desarrollo de políticas que por un lado respondan a la necesidad tan acuciante que presenta nuestro país frente a la crisis social y económica de reducir los niveles de pobreza estructural, de achicar las brechas económicas, de apaciguar el efecto que tienen las desigualdades sociales. Y esto lo estamos haciendo con organización sindicales, con organizaciones de la economía informal y popular, y también con articulaciones a nivel internacional que abonan a estas instancias y apuestas.

En este momento me encuentro preparando los últimos detalles de mi viaje a la Conferencia Mundial de Cambio Climático, la Conferencia de las Partes organizada por Naciones Unidas, que será en Glasgow, Escocia. De alguna manera, en la conferencia queremos dar cuenta del proyecto de unidad entre las luchas latinoamericanas tras el pedido de ciertos reclamos que solidifican este planteo. Por ejemplo, el reclamo por el reconocimiento legítimo de la condición de acreedores ambientales a los países de América Latina. 

PFFM –  Hace unas semanas, en la movilización internacional por el cambió climático, trascendió ese momento de tu intervención donde concluías con una consigna muy propia del movimiento nacional y popular en Argentina: “Patria sí, colonia no”. ¿Cómo crees que se conjuga la defensa de los intereses nacionales o regionales con una agenda global medioambiental que muchas veces puede tener alguna lógica de autonomización respecto a los intereses inmediatos de  los pueblos? ¿Y cuál es la singularidad Argentina dentro de este debate?

BR – La estructura narrativa del ambientalismo popular obligatoriamente incorpora una beta fuertemente anclada en la defensa de los intereses nacionales frente a los embates de los proyectos extractivistas instaurados por agentes foráneos a lo largo y ancho de nuestro territorio, que pulverizan por completo la integridad de nuestros ecosistemas y rematan nuestras tierras. Es algo que está explicado muy bien en la teoría del pensamiento político latinoamericano, específicamente en la ecología política. Tenemos grandes referentes locales, incluso referentes con quienes los progresismos y las expresiones del campo nacional y popular han tenido muchísimas tensiones, como el caso de Maristella Svampa y Enrique Viale. Estos referentes nos hablan sobre cómo los proyectos de desarrollo impuestos por las naciones del norte global con sus agentes económicos nos llevan a la agudización de las miserias sociales y por supuesto, en ese sentido, al extractivismo y el sometimiento de la naturaleza en América Latina. Estas multinacionales contaminantes abonan a lo que Rodolfo Walsh sintetizaba en su Carta Abierta a la Junta Militar, en un tema que era otro, con el concepto de “miseria planificada”. Es un proyecto de miseria planificada: el remate de nuestros territorios y la destrucción de nuestros ecosistemas. 

Si hablamos sobre cambio climático específicamente, es muy esclarecedor afirmar que “patria sí, colonia no” en definitiva es una consigna ambientalista, porque el subdesarrollo de nuestros países se traduce en el bienestar del norte global. El subdesarrollo del sur global es el bienestar del norte. Esto no es un dictamen que única y exclusivamente nazca de una convicción de tipo ideológica. Es importante afirmar que tiene sus bases científicas en los últimos informes del IPCC respecto al cambio climático en Naciones Unidos. No es lo mismo el nivel de la virulencia que tiene el efecto de un evento climático extremo en Argentina o en un país de América Latina que en un país central de Europa. Las condiciones de defensa ambiental que tienen las poblaciones son sumamente desiguales entre sí. 

“«Patria sí, colonia no» es en definitva una consigna ambientalista, porque el subdesarrollo de nuestros países se traduce en el bienestar del norte global. El subdesarrollo del sur global es el bienestar del norte.”

PFFM – ¿Cuál considerás que es el aporte de la juventud a este proceso?

BR – La defensa de nuestros intereses nacionales, de nuestros derechos soberanos y de nuestra patria, se colocan en el centro de los nuevos discursos que surgen del ambientalismo popular con la irrupción del sujeto político joven. 

Ahora mismo estamos ante el preludio de un proceso popular muy interesante que se va a empezar a gestar a nivel nacional, donde los nuevos procesos de unidad popular de los países de América Latina van a incorporar de una manera suma neta protagónica la agenda ambiental, aspecto que anteriormente no se dio . En el ciclo de procesos populares latinoamericanos más recientes, como el de la década pasada, lo ambiental estaba completamente postergado. Eso, finalmente, es inviable.

Es interesante a nivel internacional incorporar esta beta porque se relaciona con la historia de saqueo y de sujeción económica de nuestro pueblo. Una de las posturas que se lleva adelante en la Conferencia de Las Partes en Glasgow es el reconocimiento legítimo de la condición de nuestros países como acreedores ambientales frente a los acreedores financieros para los cuales somos deudores. Argentina vive actualmente un periodo dramático de descomposición del tejido social, con la crisis económica que estamos atravesando en un contexto de sujeción por un nivel de endeudamiento externo tan fuerte con organismos de crédito internacionales. Los acreedores financieros nos obligan a pagar con la profundización de las actividades productivas que son intensivas en recursos naturales, porque son las que mayor capacidad de obtención de divisas tienen. Entonces, hay una encerrona ineludible.

El mecanismo extorsivo de la deuda tiene una arista socioambiental muy fuerte. Para pagar hay que destruir ambiente, hay que ser intensivo en los recursos, hay que profundizar el aspecto primario de nuestra economía que está situada en la periferia del mundo, y este es uno de los aspectos que se van a señalar con muchísima contundencia en la “Conferencia de las Partes”. No solamente desde los movimientos de la sociedad civil, sino también desde algunos agentes de los gobiernos latinoamericanos. Ojala haya una estrategia mancomunada para que este señalamiento cobre más relevancia durante la conferencia.

PFFM –  Mencionas el límite de las fragmentaciones de las demandas y luchas, y el rol que el paradigma neoliberal juega en ese fenómeno. ¿Pero en qué nivel considerás que las luchas reivindicativas aportan fragmentación a la lógica neoliberal sin que esto sea causa, necesariamente, del neoliberalismo, sino de una manera de concebir la propia lucha por parte de los actores, como desde el altermundialismo, u otras mirada de las izquierdas?

BR – Por supuesto que la lógica de fragmentación no la podemos explicar única y exclusivamente por un solo fenómeno, y  así aislarlo de todos los otros factores. El germen de esta problemática se encuentra en el legado cultural que nos deja el neoliberalismo de América Latina, pero también hay una idiosincrasia instalada en la configuración social de las luchas populares que abona el proceso de la división y fragmentación. Esto tiene que ver con las pujas históricas por las definiciones conceptuales y más categóricas de los procesos ideológicos en Argentina. 

Por ejemplo, si analizamos el campo de las izquierdas, nos encontramos con un sinfín de episodios donde se profundizó la discordancia entre las distintas expresiones, que en su momento obtenían por el caudal de participación social una capacidad transformadora realmente muy fuerte, pero que finalmente se vio truncada por la primacía de intereses contrapuestos entre las partes. Hay una épica muy fuerte que se imprime sobre el desafío monumental que tienen las expresiones de la lucha popular en Argentina de construir la unidad programática y la unidad pragmática.

La unidad programática se coloca en este escenario como una utopía, porque poder mancomunar todos los intereses de las resistencias sociales en Argentina presenta un desafío de escala sumamente masiva por el nivel de dificultad que presenta. Sin embargo, tenemos unas puntas de lanza muy interesantes desde el ambientalismo. Si analizamos algunas expresiones de resistencia socioambiental encontramos casos realmente exitosos de unidad, como fueron las luchas contra las megaminería en muchos pueblos del interior, donde a partir de proceso asamblearios donde es muy difícil generar consensos para determinar cuáles deben ser las hojas de rutas para desplegar estas batallas se dieron resultados sumamente exitosos. Son interesantes estos casos en términos de cómo se configuran sus características políticas.

PFFM – En tu camino de militancia ambiental más de una vez te habrán discutido que son los intereses foráneos quienes justamente intentan imponer una agenda ambiental, en contraposición a una agenda industrialista, de inclusión social y de defensa de los intereses nacionales, y que el activismo ambiental es un punto de fuga del tema central de las causas nacionales populares, el cual debería ser el pleno empleo y la industrialización. ¿Cómo vivís esas discusiones? ¿En qué tipo de diálogos te las encontrás?

BR – En el imaginario colectivo de las militancias populares todavía hay un fenómeno por desandar, y se relaciona con la definición del ambientalismo como un interés que proviene de los mismos agentes foráneos que hoy en día nos encontramos denunciando. Entre los compañeros del peronismo se mueve mucho esta definición: que el ambientalismo es una agenda del norte global. Y si bien hay una cuota de razón que le asignó a la construcción de ese prejuicio en el tiempo, me parece que hoy en día es un argumento sumamente pobre, falso, por supuesto, y miope políticamente. Es de una miopía política muy fuerte. 

¿Por qué le asigno una cuota de razonabilidad? Porque históricamente las expresiones con más visibilidad en la militancia socio ambiental de Argentina estuvieron expresadas en la imagen de las organizaciones sin fines de lucro con filiales centrales en los países del norte global. De alguna manera esto generó el prejuicio sobre las organizaciones ambientales. Se universalizó la imagen de Greenpeace. Y yo reivindicó mucho a Greenpeace, pero se universalizó su imagen como una organización que defiende las ballenas en el Polo Norte y no se interesa por la pobreza. 

Hoy en día vemos que las militancias emergentes del ambientalismo muestran un rumbo narrativo completamente contrario que demarca ese prejuicio. Como decía anteriormente, es de una miopía política muy fuerte que entre los enemigos del campo nacional y popular esté la imagen de la ambientalismo, porque si desde los progresismos y las expresiones de la lucha emancipatoria se eligen este tipo de enemigos por sobre los grandes grupos económicos que verdaderamente atentan contra nuestra vida estamos perdiendo el tiempo.

Además, es de una miopía muy fuerte porque es desconocer que los mapas de la pobreza estructural y social coinciden con los mapas de la degradación de estos ecosistemas, de la destrucción de nuestros territorios. Es desconocer que existe una intersección muy fuerte entre las problemáticas sociales y económicas y las problemáticas ambientales. Hay que trabajar mucho para saldar esos puentes y generar un sentido común que realmente coloque al ambientalismo como un actor que forma parte de las filas protagónicas del campo nacional y popular, sobre todo de cara al futuro.

PFFM – El Papa Francisco, siendo un referente global en la discusión por la crisis civilizatoria de nuestro siglo, desde hace tiempo y principalmente en su Encíclica Laudato Si realizó una operación sobre la agenda medioambiental. En el marco de la agenda verde -como se llama en Europa- marcó la necesidad de tener una articulación concreta y permanente entre lo que la tradición latinoamericana de la teología de la liberación llama “grito de la tierra, grito de los pobres”, es decir, que la crisis ambiental y la crisis humanitaria son dos caras de la misma moneda: el paradigma tecnoburocrático.

Al mismo tiempo Francisco, habla de diálogo intergeneracional, de la necesidad de ese diálogo entre la juventud y las generaciones más grandes a la hora de pensar la agenda medioambiental. ¿Cómo ves la figura de Francisco en esta interpelación y en su calidad de ser una referencia, un vocero de los pueblos en ámbitos internacionales?

BR – La disruptividad del fenómeno de Francisco es innegable. En Laudato Si califica la crisis climática y ecológica como “un rumbo suicida” de la humanidad. Y es interesante que haya un anclaje tan fuerte de su intervención respecto a la problemática ambiental con las problemáticas que hacen las preocupaciones sociales y económicas más importantes del mundo, ligando el cambio climático a los fenómenos vinculados con los ciclos acumulativos de la riqueza.

Obviamente, el Vaticano tiene responsabilidades institucionales muy marcadas respecto al cambio climático, específicamente si hablamos sobre acciones en entidades privadas que forman parte de la industria de combustibles fósiles. Pero la llegada de Francisco al Vaticano postula sin lugar a dudas un factor disruptivo respecto a quienes lo precedieron. Lo he charlado incluso con Greta Thunberg, a quien también le parece muy importante el discurso del Papa Francisco. Cuando la entrevistamos en FutuRock, la radio donde actualmente me encuentro trabajando, ha dicho que es completamente reivindicativa su postura respecto a cómo se viene desplegando la figura del papa en la lucha socioambiental.

Es interesante además el anclaje de Francisco con los medios populares que lleva adelante actualmente. En definitiva, Francisco tiene que ser el actor que acentúe positivamente el protagonismo del Sur Global en las decisiones que hagan a las perspectivas de transición ecosocial.

“Hay que trabajar mucho para  generar un sentido común que coloque al ambientalismo como un actor que forma parte de las filas protagónicas del campo nacional y popular, sobre todo de cara al futuro.”

PFFM – Para finalizar queremos preguntarte sobre los jóvenes que participan de Jóvenes por el Clima. ¿Cuál es su perfil? ¿De qué conversan? ¿Cómo te imaginas el movimiento en el futuro y cómo te imaginas a estos jóvenes en los próximos cinco o diez años?

BR – Actualmente la base social de nuestra organización es sumamente amplia y diversa, y me parece que es algo potable para cualquier movimiento. Son muchísimos los intereses que se desenvuelven en función de la trayectoria de cada compañero y militante. Somos seis personas de la organización los que viajamos a la Conferencia de las Partes, y ahí vamos a hacer un trabajo muy fuerte en equipo para llevar adelante nuestra perspectiva latinoamericanista y emancipatoria de defensa de los intereses nacionales. 

Sobre el diálogo intergeneracional, veo una dificultad muy fuerte por penetrar los intereses de nuestra juventud en nuestras dirigencias políticas. Hay poco interés por ver cuales son las necesidades y las preocupaciones de nuestra generación en función de las problemáticas que nos atraviesan. Y esa es una deuda muy fuerte que la dirigencia política debe asumir. 

Argentina tiene una juventud distinta al del resto del mundo. Aunque podemos afirmar que a nivel mundial las grandes transformaciones que llevaron a conquistas sociales siempre se produjeron con el protagonismo de la juventud en la primera línea de batalla. Lo vimos con el Mayo Francés, o localmente en episodios históricos como la Reforma Universitaria, el Cordobazo, o el desarrollo del movimiento piquetero post estallido del modelo neoliberal en 2001. Actualmente, si nuestra juventud y los movimientos que hacen a la militancia juvenil, como el movimiento estudiantil y las distintas expresiones de la vida social y política de nuestra generación, se vuelcan sobre la construcción de la ambientalismo, vamos a ser capaces de construir el ambientalismo popular en América Latina más fuerte de la región.

Instagram para contactarse con “Jóvenes por el Clima” o seguir sus iniciativas:  https://www.instagram.com/jovenesporelclimarg/?hl=es-la

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