fundación micaela

Desde el PFFM seguimos recorriendo diversas experiencias, reflexiones y construcciones nacidas en este “fin del mundo” geográfico que es Argentina y en un tiempo de obligado recomienzo. En este encuentro conversamos con la FUNDACIÓN MICAELA GARCÍA, una experiencia federal marcada por la lucha contra la violencia machista, la difusión de la perspectiva de género y la organización comunitaria.

El femicidio de Micaela García en 2017, joven, militante, solidaria y comprometida con el trabajo en los barrios populares de su provincia, Entre Ríos, impactó con fuerza en toda la sociedad argentina, marcando un antes y un después en la lucha por los derechos de las mujeres.

Desde entonces, Néstor “Yuyo” García y Andrea Lescano, padres de Micaela, tomaron la decisión de transformar tanto dolor en una lucha cotidiana por construir la sociedad que su hija soñó. Así nace la Fundación Micaela García, organización que hoy es referencia fundamental en la incorporación de la perspectiva de género en los poderes del Estado, medios de comunicación, clubes y empresas de todo el país.

Desde el PFFM conversamos con ellos para dar a conocer esta experiencia fuerte, dolorosa y valiente, y a través de ella conectar también con la dimensión redentora que existe en las construcciones colectivas en nuestro país, y en un punto tan singular e importante para la vida social, política y cultural de Argentina, que es el movimiento de mujeres y el feminismo popular.

CONSTRUYENDO LA SOCIEDAD QUE MICAELA SOÑÓ

Entrevista a Néstor “Yuyo” García y Andrea Lescano


PFFM – Para empezar a contar qué es la FUNDACIÓN MICAELA queríamos preguntarles, con mucho respeto y cuidado, por el doloroso episodio que fue el punto de partida de su lucha, y la de muchos voluntarios y voluntarias de la fundación, por incidir y modificar la herencia de estructuras que están en el Estado, la cultura, en la sociedad en general y que se manifiesta como violencia hacia las mujeres y las disidencias sexuales. 

Néstor “Yuyo” García El día que encontraron el cuerpo de Micaela, después de llorar y abrazarnos en familia, decidimos salir a la plaza por dos motivos: En primer lugar, para agradecer a toda la gente que nos había acompañado durante los días de búsqueda, pero también para reconocer el trabajo comprometido de los profesionales que siguieron el caso. La noche anterior, el fiscal y los agentes de la policía comenzaron a ponerse a la defensiva y muy nerviosos al darnos los informes del estado de situación, algo que no había pasado los días anteriores. Creemos que a esa altura ellos no sólo ya sabían que había aparecido el cuerpo de Micaela sin vida, sino que ya habían tomado conocimiento del caso del acusado (Sebastián Wagner, autor del crimen, ya había sido condenado por abuso sexual a nueve años de prisión y estuvo en la cárcel hasta que el juez de Ejecución de Penas de Gualeguaychú Carlos Rossi lo liberó en 2016, a pesar de un informe del Servicio Penitenciario que desaconsejó esa decisión). Por eso tenían miedo de cómo podríamos reaccionar nosotros. Con Andrea les dijimos que se tranquilizaran, que más allá del resultado de la búsqueda estábamos agradecidos por todo lo que la Policía y la Fiscalía de Entre Ríos había hecho para encontrar a Micaela.

Y el segundo motivo por el que salimos fue porque notamos que se estaba generando mucha violencia en la plaza al conocerse la noticia de la aparición del cuerpo. La gente estaba muy embroncada e indignada, y tuvimos la intención de no dejar lugar a más violencia de la que ya estábamos viviendo. 

En seguida nos dimos cuenta con Andrea que nuestra vida había cambiado para siempre, y que en adelante íbamos a dedicarnos a buscar la manera de transformar el dolor en fuerza para construir la sociedad que Micaela había soñado. Ese fue el origen de esta iniciativa que terminó por institucionalizarse en una fundación que no tiene explícitamente por objeto “construir la sociedad que Micaela soñó”, pero es ese el fundamento de todo el trabajo que promovemos por la equidad y el acceso a derechos de los que menos tienen. 

Por eso las acciones de la fundación son bastante amplias. No quisimos limitarnos a la temática de género sino ampliar el enfoque a una perspectiva más amplia. Trabajamos con y para personas que están en condiciones de vulnerabilidad, por todos los motivos que sean, porque eso fue lo que movilizaba la militancia de Micaela.

Andrea Lescano – Al principio hicimos una convocatoria a voluntarios, y se sumaron alrededor de 400 personas. Los dos hemos trabajado en empresas y sabemos que cuando uno empieza un proyecto la gente se sube con mucho ímpetu pero que después se va diluyendo. Eso fue lo que nos pasó. Pero no estuvo mal. Cuando eran tantas las personas que querían participar no sabíamos bien qué hacer con todo. Tampoco sabíamos la cantidad de cosas que Mica había hecho en vida, si no que nos fuimos enterando por sus compañeros y compañeras de militancia.

Al día de hoy, la fundación se divide en áreas, y somos sesenta personas que hacemos entre todos las cosas que Micaela hacía sola. Y ni siquiera así llegamos a abarcar todo lo que ella hacía, porque eran demasiadas sus obras, y hay temáticas específicas, más profesionales, en las cuales no tenemos a los voluntarios necesarios. 

Desde junio de 2017 la fundación tiene personería jurídica. La obtuvimos muy rápido, si comparamos con la mayoría de las organizaciones que tardan entre cinco y diez años. En parte fue así porque estuvimos asesorados por compañeros profesionales que se dedicaron a eso, y contratamos un estudio jurídico contable especialista en fundaciones para que avance rápido. También es cierto que el caso de Micaela fue muy mediático y eso ayudó.

Actualmente el trabajo más fuerte lo hacemos dentro del área de género, especialmente en lo que tiene que ver con la capacitación. Brindamos asistencia a personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad: mujeres que están en situación de violencia de género, pero también las que afrontan problemas de vivienda, que se les quema la casa, o necesitan remedios, o viajar a alguna parte del país o asistencia alimentaria. Queremos ayudar en lo que sea que necesiten para continuar sus vidas. Pero también brindamos apoyo en algo en lo que hay mucha necesidad en el mundo de las organizaciones, que es la parte administrativa: hacer las actas, formulación de proyectos, las rendiciones. Trabajé mucho tiempo en vinculación tecnológica en formulación, acompañamiento, seguimiento y rendición de proyectos, y desde la fundación colaboramos con las organizaciones para que no pierdan los beneficios y posibilidades de acceder a recursos claves para poder desarrollar sus acciones. 

Otro eje a destacar es la red nacional de promotoras y promotores de género que impulsamos desde la Fundación, donde hay consejeras para acompañar a las personas en situación de violencia, abogadas, psicólogas, asistentes sociales, y todas y todos los que pueden aportar a una situación de necesidad. Porque hay lugares del país donde a veces a las mujeres no le toman una denuncia o no tienen el acompañamiento psicoterapéutico necesario, tanto ellas como sus familias, porque la situación de violencia la sufren también sus hijos e hijas. Ese es un gran escollo, porque no hay muchos psicólogos para el acompañamiento infantil. Por eso tratamos siempre de conectar. 

Y la red es por whatssap, simplemente. No hay mucha más elaboración que esa. En el 2019 recorrimos catorce provincias, muchos municipios y universidades, y se acercaban personas diciendo que son promotoras. Entonces les tomaba el teléfono y les daba mi número -que circula en las redes sociales de la fundación-. Y en base a eso, vamos pensando cómo ir conectándonos y haciendo un seguimiento. A veces se obtienen resultados positivos. Pero con acompañar y dar una escucha ya se hace mucho. Entre las organizaciones pensamos que realmente hay que trabajar en redes y en comunidad, porque solos y solos no vamos a salir adelante.

Néstor “Yuyo” García – Para dar una idea de la dimensión de esto, Andrea recibe en promedio cuatro casos por semana. Eso en promedio, pero hay semanas donde son 10 casos. Y sólo en dos o tres horas la persona en situación de violencia que se conecta con nosotros ya tiene una persona a disposición para ayudarla.

PFFM – Por una lado, hablamos de una historia de resurrección y resiliencia y por otro de la necesidad práctica de resolver cuestiones administrativas del día a día de las  organizaciones. Pasar de algo muy fuerte en lo existencial y vital a estar armando una red de whatsapp. Esto es así porque para hacer vida de una situación muy dolorosa hay que traccionar todos los días encarnando las cosas. ¿Esto es así, no? 

Néstor “Yuyo” García   El camino de la fundación fue un camino complejo. Cuando se sumaron esa cantidad de voluntarios y voluntarias nuestra intención era generar propuestas y que se sintieran parte. Eso traía desorden, porque en la realidad es muy difícil. Por otro lado, nos surgió la necesidad de cuidar el nombre de Micaela y para eso tuvimos que mantener un cierto control ejerciendo un control que no deseábamos pero que de hecho ejercíamos. Esto llevó a que algunas personas se abstuvieran de proponer iniciativas, porque todo había que consultarlo con Andrea. Y si bien no era la intención, también fue nuestra primera reacción para evitar que se hiciera cualquier cosa en nombre de Micaela. Eso llevó a que fuéramos aprendiendo de las construcciones colectivas, de las organizaciones transversales. Y un día la mamá de Andrea y mi hermana, que sostenían la actividad en la sede de la fundación coordinando talleres y propuestas, se nos revelaron. Empezaron a hacer cosas sin consultar, se empezaron a mandar solas. ¿Qué pasó? La gente empezó a volver, a impulsar talleres y la cosa empezó a marchar de esa manera. Fuimos encontrando el modo en que todo ese desorden organizado, que es maravilloso porque genera un montón de cosas, los podamos ordenar en los papeles que tenemos que complementar. Porque una fundación tiene que presentar balances todos los años, tiene que estar al día para firmar convenios con provincias o municipios, y no nos puede pasar que lo administrativo nos obstaculice. Esto es lo que Andrea ha detectado en muchas organizaciones de base, comedores o merenderos, que por falencias administrativas pierden las ayudas del Estado al no poder siquiera llevar un registro de a quienes están alimentando. Por eso nos hemos propuesto como línea de trabajo ayudar a fortalecer y acompañar los temas administrativos de esas organizaciones. Es algo que sabemos hacer, que no nos cuesta tanto, solo tiempo, y son esos comedores o merenderos las organizaciones que encarnan el compromiso militante de Micaela y parte de la sociedad que ella soñó. 

PFFM – Junto con la fundación, hay algo muy potente que es la “Ley Micaela”. Una ley nacional que lleva su nombre y en algún punto es otro andarivel de los modos en que fue creciendo la fundación. ¿Cómo fue la experiencia de construir una ley nacional, los vínculos con el Estado, la política, y lo que implica ese punto de llegada?

Néstor “Yuyo” García Tal vez la gente cree que la Ley Micaela es algo qué impulsó la fundación, pero la verdad es que no. Durante la semana que estuvimos buscando a Micaela, que fue de un sábado a otro sábado, comenzó a gestarse lo que después sería la ley. El martes de esa semana la policía identificó al dueño del vehículo que secuestró a Micaela, Sebastian Wagner, un hombre que estaba cumpliendo condena por dos violaciones pero había recibido libertad condicional, aunque siete informes psicológicos lo desaconsejaban. El responsable de esa decisión fue el juez Carlos Rossi. El día anterior a lo que pasó con Micaela, el papá de una adolcente quiso denunciar a Sebastian Wagner por intento de violación a su hija, denuncia que no se registró porque la jueza estaba fuera de la ciudad. Cuando se empieza a conocer todo esto -Micaela todavía no había aparecido- Flora Acselrad, abogada y actualmente voluntaria de la Fundación, empezó a recordar públicamente que el Estado está comprometido con dos tratados internacionales, la Convención de la CEDAW y la Convención de Belém Do Pará, a capacitar a los trabajadores de la justicia y las fuerzas de seguridad para luchar en la erradicación de la violencia contra las mujeres, y que este compromiso no se estaba asumiendo. El mismo día que la encontraron a mi hija, ese sábado 8 de abril de 2017, Flora escribió en su facebook: “Ley Micaela García para todas las personas que trabajan en el Estado sobre los derechos de las mujeres y los temas de género”. 

Ese fue la primera vez que se esbozó la idea de impulsar el proyecto de ley. Más adelante, una diputada del Movimiento Evita toma la iniciativa y, junto a otros proyectos presentados, se unifica el texto y se convierte en ley. Esto fue posible porque justo coincidió con la denuncia de acoso sexual de Thelma Faudin a Juan Darthes, tema que se mediatizó mucho y que generó una fuerte presión sobre el Gobierno Nacional de entonces para que incluyera el tratamiento de la Ley Micaela en la última sesión del año 2018. 

La Ley Micaela es hoy un eje clave para nosotros. La gente militó y milita mucho su implementación, y no solo en el Estado sino en todo los ámbitos. Esto nos ordena y nos marca un rumbo respecto hacia dónde debemos ir, qué demandas queremos atender y que priorizar desde la fundación. Junto con esta ley nos han convocado a intervenir en la formulación de tres proyectos de ley. La última es un proyecto de Ley Micaela para los “medios de comunicación”, donde la diputada que la lleva nos invitó a trabajar en un equipo para unificar el texto, y muchas de las cosas que a nosotros nos parecía que debían aparecer se empezaron a difundir ayer. Estamos pensando además una Ley Micaela para las empresas que hacen obras públicas, iniciativa en la que estamos participando de una manera más concreta incluso que en la ley inicial. También se está gestando un proyecto de Ley Micaela “sindical”, recomendado a las centrales obreras y los gremios a adherir, porque hay una demanda de la sociedad que se entiende más allá de los límites del Estado.

Al día de hoy, todas las provincias argentinas están adheridas a la Ley Micaela, además de unos 600 municipios. Córdoba, Buenos Aires, Entre Ríos tienen Ley Micaela en deportes, donde los clubes están obligados a capacitar en los temas de género a instructores, y sobre ello mismo hay media sanción en Santa Fe.

En seguida nos dimos cuenta con Andrea que nuestra vida había cambiado para siempre, y que en adelante íbamos a dedicarnos a buscar la manera de transformar el dolor en fuerza para construir la sociedad que Micaela había soñado

PFFM –  En torno al nombre de Micaela -de lo que ustedes han construido pero qué también se ha construido en la sociedad- se plasma una manera de entender los derechos de las mujeres que no está separada de la cuestión social, económica, política y, más ampliamente, de la violencia cotidiana. ¿Cómo ven en este momento, en los espacios que recorren con la Fundación, ese cruce entre lo específico del movimiento de mujeres con una visión política más amplia, como puede ocurrir en un comedor, una organización social o un club?

Andrea Lescano – Nosotros trabajamos mucho con la educación popular, pero no soy una experta, sino que como cualquier ciudadana voy aprendiendo de esta temática en la experiencia. Desde mi punto de vista, me planteo cómo puedo llegar a la gente que más resistencia puede tener a este tema, entendiendo que somos una generación que ni siquiera tuvimos Educación Sexual Integral en nuestra infancia. Apuesto por dar ejemplos cotidianos y diarios. Sabemos que los conceptos técnicos son muchas veces una barrera, por eso tratamos evitar hablar de “patriarcado”. Quizás mencionamos las palabras, pero sabemos que usar nociones muy propias del feminismo hace que muchas personas no quieran escuchar ni acercarse. Lo que termina pasando es que al final sólo hablamos entre nosotras, las mujeres y los géneros disidentes, que representan el 85% de quienes participan de los talleres. La presencia de varones es muy nula. Entonces nosotros queremos captarlos, porque también son parte de esta sociedad que tenemos que cambiar. Y a cada lugar que vamos tenemos que hablar con ejemplos concretos, no con teorías, lo que nos obliga a trabajar más porque antes de dar el taller tenemos que hacer una investigación previa sobre el lugar y lo que ha acontecido ahí. Tratamos de hacer actividades que sean neutras, que sirvan para cualquier persona y con ejemplos de la vida cotidiana ir llevando el mensaje. Y así nos vamos conociendo y la gente te va diciendo cómo es y qué pasa en esa ciudad. A veces, desde una misma consigna, en cuatro lugares diferentes nos han relatado cosas totalmente distintas, y tal vez sólo había cuarenta kilómetros de distancia entre cada una de esas ciudades. 

Néstor “Yuyo” García   Para romper el hielo nosotros hacemos lo que llamamos “juego de las esquinas”. Ponemos cuatro carteles: Uno dice “siempre”, otro dice “nunca”, otro “casi nunca”, otro “a veces”. Entonces le preguntamos a los participantes: “¿Vos tenés la función de preparar la lista cuando vas a los supermercados?” Y las personas se encuentran en las esquina, y ahí empiezan a jugar entre ellos también. Otra pregunta es: “¿te vestían cuando eras chico o chica con ropa rosada”? Y ahí empezamos a trabajar las asignaciones de roles, algo que queda muy marcado, porque viéndolo en el espacio físico se genera una conciencia de que hay una desigualdad estructural que hay que erradicar. 

Lo que pasa es que si nosotros vamos de lleno a los temas se genera una resistencia innecesaria. A veces incluso desde la convocatoria. Si nosotros ponemos “Taller de violencia de género” el varón no va o va a la defensiva. Pero si hace convocatorias más abiertas y lográs que participe, una vez que está adentro, es parte de la dinámica y aunque al principio le choca al final termina enganchando. 

Nosotros creemos que la Ley Micaela va a ser efectiva y transformadora cuando las personas puedan identificar cómo pueden hacer que haya en su trabajo cotidiano una mirada de género. Eso es lo que hay que lograr. Si en la capacitación solamente contamos lo que son las leyes, al otro día siguen haciendo las cosas como las estaban haciendo. Es un desafío muy grande, y nuestra intención es que la Ley Micaela se implemente de la manera en que creemos que debe implementarse. Se lo transmitimos a la gente y  también a las áreas de género de cualquier organización que nos pida que vayamos. Cada capacitación que damos la entendemos como una semilla que va a florecer cuando nosotros no estemos.

PFFM – Así como en los últimos años se han hecho avances y conquistas muy importantes para el colectivo de mujeres, se dan al mismo tiempo discusiones intensas e interesantes al interior del movimiento. ¿Cuál es el aporte especial que pueden dar desde la Fundación, del trabajo que vienen haciendo, al interior del movimiento de mujeres en general?

Néstor “Yuyo” García   El movimiento de mujeres es muy diverso, aunque los medios hegemónicos lo muestran como algo único y homogéneo y, en general, tomando al feminismo más radicalizado, que no es el mayoritario, como referencia. Pero al interior hay muchísimas diferencias. Por ejemplo, desde la Fundación no fomentamos institucionalmente el uso del pañuelo verde ni la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE). No porque no estemos de acuerdo, sino porque puede haber mujeres que no lo comparten, como es el caso de algunas voluntarias de la fundación. Institucionalmente, creemos que es un tema que divide y no debería dividir. Y como el aborto hay un montón de otros temas con los que pasa lo mismo. 

Más en general, estamos transitando un proceso donde el movimiento de mujeres ya no está solo de un lado del mostrador, porque tanto el gobierno nacional actual como muchos gobiernos provinciales y municipales, crearon ministerios y secretarías de Género. Eso está todavía en una fase muy inicial. Siempre digo que el ministerio de Nación y de la Provincia de Buenos Aires hacen mucho más diagnóstico que políticas públicas para resolver el problema. Lo que uno escucha cuando va a las reuniones es una enumeración de problemas, y yo he plantado siempre mi opinión: “ahora estamos del otro lado del mostrador, no nos podemos quejar más de lo que ocurre tenemos que dar la solución”. 

Creo que eso también ha generado desde lo organizativo dos sectores. Se vio mucho en el femicidio de Úrsula Bahillo, en febrero de este 2021, cuando el estado tomó una postura y el feminismo de las bases tomó otra, en una marcada división entre las dirigentes con responsabilidades políticas y las personas que militan la temática de a pie para que las cuestiones se solucionen.  El femicidio de Úrsula a nosotros nos dolió porque había muchas cuestiones similares al caso Micaela, y lo primero que se hizo desde las instituciones fue echarse la culpa entre las áreas del estado, sea a la justicia o las fuerzas de seguridad. Por suerte tuve la oportunidad de hablar estas cosas con el gobierno provincial y nacional, y le dije que en mi opinión el mensaje debería haber sido otro. Hay que asumir que el estado es uno solo. Está dividido en poderes y organismos por una cuestión organizativa y funcional, pero de cara a la sociedad me hubiera gustado y parecido más convocante decir “estamos generando un montón de políticas pero seguimos llegando tarde”. Esa comunicación desde el Estado une y genera compromiso. En cambio, buscar la paja en el ojo ajeno genera divisiones y el problema sigue estando sin solución.

Andrea Lescano – Antes de lo de Micaela yo no participaba de los movimientos de mujeres. Ahora tengo presencia en algunas instancias, como en las discusiones sobre la reforma judicial feminista que es muy variada. Cada vocero toma su postura, pero es interesante porque vas escuchando al resto y nuestro país es demasiado grande. Nosotros somos gente del interior, y esa es una de las razones por las que me involucro más ahora. Sino, siempre se toma lo que dice CABA y la provincia de Buenos Aires, y del resto nada llega. Pero en el interior somos muy distintos. 

Eso pasa en las instancias del Estado. Dentro del movimiento feminista todas nos escuchamos y hacemos informes en común. Eso desdice las cosas que se escuchan en los medios hegemónicos para tratar de dividirnos. Tenemos hasta movimientos feministas religiosos, algo que no se veía antes. Para algunas mujeres puede sonar chocante al principio, pero están. Vamos conviviendo y aprendiendo porque queremos lograr algo distinto, algo en común. Nos escuchamos y tenemos empatía. Es ir obteniendo cosas a través del habla y la escucha, no de otro modo. Antes eran cinco o diez organizaciones en las reuniones. El otro día hicimos el primer foro convocante por redes sociales para poder tratar la Reforma Judicial, que es una de las áreas más críticas y complejas para aplicar una ley con perspectiva de género, y hubo más de 5000 mujeres de todo el país. 

No necesariamente tenés que ser experta en la materia. Tu vivencia diaria ya te autoriza. El saber lo tenemos nosotras que vivimos en el territorio, no los que están sentados en el escritorio y no salen nunca a recorrer. Cada una de nosotras va aportando su granito de arena a estas modificaciones a nivel nacional. Y hacia ahí vamos, por eso es importante ir incorporando voces al colectivo. No tenemos el filtro de pedirles que tengan personería jurídica para invitarlas. Que sean organizaciones que están trabajando en el territorio es la consigna general del movimiento.

Néstor “Yuyo” García – A pesar de todas sus diferencias el movimiento de mujeres ha logrado consensuar algunas cosas, y por eso se han conseguido las leyes y avances que se lograron. Si hacemos, en cambio, una comparación con las posiciones sociales y partidarias que se han tomado en torno al manejo de la pandemia, se ve mucha más miseria que en el feminismo. Porque las organizaciones tienen diferencias, pero se logró consensuar un montón de cosas por las cuales ir todas juntas. Y en el tema sanitario ni siquiera pudimos unirnos entre todas las fuerzas políticas para fortalecer la vacunación. En el feminismo hay diferencias, pero cuando las cuestiones son importantes y tenemos que buscar un objetivo concreto, hay verdadera conciencia de unidad. 

Dentro del movimiento feminista todas nos escuchamos y hacemos informes en común. Vamos conviviendo y aprendiendo porque queremos lograr algo distinto,  obteniendo cosas a través del habla y la escucha, y no de otro modo”

PFFM – Para finalizar ¿Qué reflexión tienen respecto a la juventud en este tiempo tan singular y complejo, que también pone a los pibes y pibas en una situación de mucha incertidumbre y angustia?

Andrea Lezcano – Cuando recorremos el país vemos que está lleno de “micaelas” o “micaelos”. Militantes y jóvenes cargados de fuerzas, de proyectos, de compromisos. Pero hay un problema que es el adultocentrismo. Los adultos no siempre le dejamos a los chicos el espacio que ellos están pidiendo. Nosotros estamos convencidos de que la juventud nos va a traer los cambios por los que estamos luchando. Son muy conscientes, son comprometidos y hay muchos jóvenes que están luchando y trabajando de distintas maneras. Que no estén en el territorio no significa que no estén haciendo lo que nosotros pretendamos. Nuestros hijos, los adolescentes y los que son un poco más adultos, nos están guiando, nos están diciendo “por acá tienen que ir”. Es importante salir de que nosotros los mayores tenemos todo el saber, porque los adolescentes son muy sabios.

Néstor “Yuyo” García   Como decía Andrea, nosotros vemos “micaelas” por todos lados. Cuando pasó lo de Mica, en los medios nacionales lo primero que surgió fue la filmación de mi hija pidiendo el abrigo a la salida del boliche. Se centraron en la hora de la noche y en el shorcito que tenía puesto, hasta que Andrea y su compañeros de militancias empezaron a hablar con los medios y contar quién era Micaela. Y se sumaron las mamás de los nenes de los barrios, que dieron a conocer las actividades que Micaela hacía con ellos. A los medios les costó aceptar que Micaela era militante del peronismo. Aceptaron rápidamente que era militante de #NiUnaMenos, pero del peronismo y de la JP Evita les costó. Y cuando los medios, en ese tiempo, hablaban de militancia como sinónimo de corrupción, negociado, de cosa sucia. Pero con el caso de Micalea se empezó a visibilizar la militancia sana, genuina, que aspira a cambiar la realidad con otros valores. Y cuando no pudieron tapar su militancia, su peronismo, sus valores, el último intento que tuvieron los medios fue mostrarla a Micaela como una excepción. 

Por eso Andrea dice “vemos micaelas por todos lados”. Mostrarla como una excepción es también bajarle el precio a su lucha. Y de verdad que hay micaelas por todos lados. Eso genera la esperanza en un mundo que quizás no alcancemos a ver, pero que los jóvenes podrán entregarles a sus hijos e hijas, una sociedad mucho mejor que la que nosotros le estamos dejando a ellos.

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