GENTE NUEVA

Siguiendo en clave de relevamiento de experiencias, desde el Polo Formativo del Fin del Mundo conversamos con Federico Ingaramo, presidente de la Fundación Gente Nueva. En la ciudad patagónica de San Carlos de Bariloche, la Fundación Gente Nueva promueve hace cuarenta años un proceso de transformación social anclado en proyectos educativos y comunitarios, y acompañando a los vecinos en su lucha por el acceso a tierra y vivienda.

Federico Ingaramo comparte una reflexión sobre el significado de una trayectoria extensa, con los desafíos propios de sostener una organización muy rica en su historia, consolidada y cargada de vitalidad, pero además con un camino por delante, preguntas que responder y la necesidad de renovarse en las aventuras y las creaciones.

ENTREVISTA COMPLETA A FEDERICO INGARAMO

Polo Formativo Del Fin Del Mundo – ¿Cuándo nace la Fundación Gente Nueva? ¿Qué tareas y qué proyectos impulsan en San Carlos de Bariloche?

Federico Ingaramo – La historia de Gente Nueva puede contarse desde su inicio formal, que fue en el año 89, pero la organización empezó a caminar entre los años 82 y 84, en el proceso de salida democrática. Encolumnados detrás del padre Juvenal Currulef de Bariloche, un grupo de compañeros y compañeras empezaron a dar respuesta a la gran crisis que dejó la última dictadura militar en Argentina. Con el soporte del obispado de Río Negro, por entonces presidido por Miguel Esteban Hesayne, empezaron a trabajar en la organización comunitaria, el acceso a la educación y la tierra. Eso duró informalmente unos años, hasta llegar a lo que fue el segundo hito de fundación, cuando en el 89 el mismo Hesayne pidió que tratemos de hacer una herramienta y un instrumento más sólido y propio para confabular lo que sabemos hacer. 

En el año 89 se constituye la Fundación Gente Nueva detrás de ciertas banderas y búsquedas. Fundamentalmente, la creación de proyectos educativos y el acceso a la tierra y al hábitat. Se empezó a trabajar en dos barrios de Bariloche: Virgen Misionera y lo que en su momento era el barrio 34 Hectáreas, impulsando en ambas barriadas proyectos educativos de distintos niveles: inicial, primario, secundario, terciario y nivel secundario de adultos. En este recorrido de treinta años -algunas escuelas tienen ya casi cuarenta- hemos avanzado también en ir creando una figura propia, particular, para las escuelas. La última Ley Nacional de Educación  las reconoció como escuelas de Gestión Social, pero esto tiene su propia reglamentación a nivel provincial. 

La figura de gestión social nos da un diferencial positivo. Tiene tres o cuatro características: son escuelas que están insertas en sectores populares, son absolutamente gratuitas, tienen un origen y una realidad en una vinculación comunitaria muy grande, y que sean proyectos innovadores a su modalidad.. En volumen, tenemos diez escuelas en total, y en cuatro barrios distintos de Bariloche. Trabajan 420 docentes, y el alcance de los alumnos recorre todas las edades. En cuanto a lo innovador, no tomamos la escolaridad de Gente Nueva como algo alternativo a lo público, sino incluso como una herramienta de la política educativa estatal para tener espacios de prueba, de laboratorio, de complementariedad, que en el seno de una estructura plenamente estatal se dificulta. Nuestra parada no es ser alternativos, sino un brazo más amplio que permita construir y ser parte al mismo tiempo. 

La otra gran pata que tenemos es al acceso a la tierra y al hábitat, pasando de situaciones legítimas a legales, y acompañando a más de 200 vecinos, fundamentalmente en el barrio Virgen Misionera y El Frutillar, y a la vez siendo parte de un entramado más grande de organizaciones a nivel local. 

PFFM – Bariloche es una ciudad visitada por cientos de miles de turistas al año, nacionales e internacionales, y al mismo tiempo, subiendo un poco la montaña, hay asentamientos donde todavía no tienen los servicios básicos cubiertos. ¿Cómo influye esto en los barrios populares, sobre todo cuando se trata de un territorio que no aparece en las postales publicitarias? 

FI – Justamente, hace unos años gestamos una iniciativa que se llamó “Bariloche: la otra postal”. A través de cuestiones gráficas e imágenes buscábamos comunicar un sentido de lo que es una ciudad muy fragmentada, a pesar de cómo es vendida al turismo internacional. Bariloche es una ciudad muy partida, hasta geográficamente, en el trazado de las rutas y las avenidas. Nosotros trabajamos en estos cuatro barrios que no son la parte bonita de la ciudad, pero a la vez trabajamos con familias y comunidades que también dependen de la actividad turística como la mayor actividad económica de la ciudad, si bien el mercado científico y tecnológico creció mucho a partir de lo que es INVAP. Esto último nos abre, como proyecto de educación, un desafío en el mercado local laboral al que debemos apuntar como organización social. 

El clima en Bariloche, más un sector realmente empobrecido, da una configuración muy particular de problemas sociales. El frío, el material de las vivienda, la hacinación en cuanto a disponibilidad, la disputa inmobiliaria que hay por las tierras, todo en suma es una combinación muy particular muy compleja. Y junto a eso, debemos visibilizar y trabajar con la población que no sale en los afiches turísticos.

PFFM – ¿Cómo se para Gente Nueva en esa realidad que tiene que ver con el lugar donde están emplazadas las escuelas y las tierras?

FI – El poder ser parte de una organización social como Gente Nueva te permite permear en cuatro capas. 1) La cercanía el uno a uno, la práctica concreta, en las escuelas o en las comunidades, al estar cuerpo a  cuerpo con la gente que trabajamos.2) Ser parte de proyectos institucionales más amplios. 3) Incidir en el laburo más comunitario, más lateral y barrial. Y 4), ser parte de la construcción de políticas públicas, sean educativas, de tierras, o sociales en general. Tenemos un plafón a aprovechar en esas cuatro instancias, y hoy por hoy nuestro mayor capital es poder dar disputas. En una sociedad como Bariloche hay una baja renta respecto al turismo, con las temporadas invernales. Por ejemplo, en el Cerro Catedral, el centro de esquí más grande y rico de América Latina, se viene generando una lucha muy amplia para que los cánones que se cobran a las empresas que regulan este mercado también tenga impacto en términos presupuestarios para los barrios. Hay también una disputa en cuanto a la distribución de instituciones e institucionalidad en los barrios. La presencia institucional se consolidó en algunos barrios, pero Bariloche es una ciudad que se amplía constantemente, con nuevas ocupaciones de tierra. Por eso hay una disputa de mayor presencialidad no solo de las organizaciones sociales, sino también de los estados, municipal, provincial y nacional. 

Hoy por hoy, reconociendo lo que pasó en los años de macrismo y ahora con la pandemia se puede ver una diferencia positiva. La asistencia alimentaria que tenemos hoy es mejor de lo era en 2016, y la necesaria cobertura alimentaria nacional está llegando. Pero hay una instancia en cuanto a lo productivo y laboral que está bastante quieta, y tenemos que poder dar, desde las organizaciones sociales, una disputa en cuanto al trabajo y el consumo. Esto que digo se ve muy descarnadamente en los barrios. Hay una primera instancia de alimentación que está cubierta, pero lo laboral, a mediano y largo plazo, nos preocupa bastante. Sumado a los vaivenes estacionales de una ciudad como Bariloche que depende mucho del turismo.

También me parece que hay que disputar la lógica que queremos y esperamos de las autoridades. Durante los años del macrismo se fue desestructurando toda la presencia del Estado, y hoy sentimos que hace falta cierto reordenamiento más vertical y diagonal. Nosotros siempre tratamos de que ese orden venga desde la Nación, porque es la escala nacional la que ordena para no sobreponernos entre organizaciones y gobierno con los territorios y para trabajar más articuladamente. Hay una actitud de articulación mayor que necesitamos para salir de cierta actitud de resistencia en la que nos encontramos este último tiempo por lógicas razones, y pensar más por arriba, desde el Estado, y para adelante. 

PFFM – Es habitual ver proyectos educativos impulsados por organizaciones comunitarias. Pero crear escuelas en los barrios es algo, cuanto menos, destacable, y ustedes han hecho diez. ¿Qué encajes genera eso? ¿Cómo refuerza a una organización el gestionar un derecho básico como es la educación? Y al mismo tiempo, ¿qué límites le impone?

FI – Lo que significa ser parte de una organización que promueve la creación de instituciones educativas está en la posibilidad de dar respuesta concretas y sensibles a derechos, necesidades y demandas concretas de la comunidad. En general los proyectos educativos fueron y son apropiados como herramienta por la comunidad, al generar una instancia de avance para sus pibes, para sus jóvenes, para ellos mismos. También da un lugar para canalizar cierto tipo de militancia, y a la vez, en términos educativos, poder armar escuelas genera una institucionalidad más permanente que lo que podemos pensar en organizaciones y proyectos que muchas veces se piensan ya con una fecha de final. Al gestar proyectos formales y una figura de sociedad en acuerdo con el Estado se consigue que la sostenibilidad sea más permanente. Las diez escuelas que se abrieron en Gente Nueva continúan hoy. La última es de diez años, pero tenemos algunas que cumplen casi cuarenta años. 

Además, se puede anclar un tipo de institucionalidad en barrios populares de Bariloche con todo lo que dinamiza una escuela. Incluso con la posibilidad de plantear trayectorias educativas personales. No es lo mismo tener una escuela suelta que una cadena de articulación donde están los pibes de jardín, primario, secundario y terciario. Se da una construcción de trayectorias vitales, de formación, mucho más consistentes. Siempre hay que mejorarlas y actualizarlas, pero nos permite en lo bien concreto y material laburar en profundidad con la gente y desarrollarnos juntos. 

En Virgen Misionera y en el barrio 34 Hectáreas fuimos de las primeras instituciones que motorizaron el trabajo territorial. Gente Nueva tiene entre sus objetivos la creación de escuelas, el acceso a la tierra, y a la salud ahí donde la carencia lo necesita. En su momento habíamos armado incluso consultorios odontológicos, porque la capacidad del sistema público no llegaba a esos barrios. Pero con esta lógica, una vez que en 2005 y 2006 el sistema de salud público se consolidó nos corrimos de esa instancia, porque la estaba cubriendo el estado. ¿Y qué mejor? Donde están enclavadas nuestras escuelas no entra en competencia el sistema público estatal Eso nos da la oportunidad entonces de articular con el Estado y las organizaciones.

Y hay una última instancia muy interesante, y es la proyección que estas trayectorias vitales nos da para poder generar cuadros, dirigenciales o técnicos, sean funcionarios,sean políticos partidarios. A veces en las organizaciones nos pasa que hacemos un corte entre organización y Estado, algo que por un lado nos traba, porque no es real, y por otro lado nos desresponsabiliza de las tareas. Ser una organización que provea cuadros con esta mirada de la comunidad organizada, desde el lado de las tomas de decisiones no gubernamentales también nos abre una tarea. 

En esos casi cuarenta años tenemos compañeros y compañeras que han dado ese salto. No solamente en el hecho de que las organizaciones puedan decir ideas o propuestas de políticas públicas, sino también formar parte de las instancias de decisión. Lo mismo con las gestiones de formación de docentes, universidades, ministerios, supervisiones. Esa es una tarea que como organización hay que seguir atendiendo.

“La escolaridad de Gente Nueva la pensamos como una herramienta de la política educativa para tener espacios de prueba y laboratorio que en la estructura estatal se dificulta, un brazo más amplio que permita construir y ser parte al mismo tiempo.

PFFM – Entre los ejes analíticos del PFFM está pensar los desafíos de la transformación social en tiempos donde las recetas tradicionales parecen agotarse. Dentro de esos desafíos, acaso uno de los más dilemáticos es la articulación entre el trabajo comunitario y social con la política en sí, con las tensiones propias de cómo se permea el Estado en los barrios. En la figura legal de “escuela de gestión social” esta articulación aparece algo conjugada y sistematizada. ¿Cómo ven hoy esa figura híbrida? ¿Qué consideran que tiene de potencia?

FI –  Como organización Gente Nueva somos parte de una asociación de escuelas de Gestión Social y Cooperativas. Hace 16 años que se vienen conformando estas redes con distintas realidades a lo largo y ancho del país, también por la vinculación con los gobiernos y sistema provinciales educativos. Para ese camino creo que desde Gente Nueva hemos sobrellevado algunos hitos referenciales. Primero, dar los pasos de lo socialmente legítimo a lo legal, es decir, ir legitimando experiencias, prácticas, proyectos, en un alto grado de insistencia y de armado de red de cuadros políticos, de funcionarios, de cuadros técnicos. Está la necesidad también de tener cierta astucia y lectura política del momento, para ver cuándo es mejor y más conveniente avanzar. Gente Nueva ha tenido en su momento referentes de peso importantes, como el cura Juvenal Currulef, que nos abrían puertas.No hace falta que sea una sola persona. Los referentes pueden ser equipos colectivos, pero me parece que tener esas figuras dentro de las organizaciones facilita muchas cuestiones.

Hay otra atención importante, y es la cuestión de salir de la cáscara de la burbuja de cada organización para ponerse en sintonía con organizaciones de la misma búsqueda en la necesidad de ir legitimando cosas. En la Provincia de Río Negro, pero también a nivel nacional, se viene trabajando en una ley de regulación del trabajo de las organizaciones sociales. Pero una vez más, hay que saber reconocer el momento. Cuando están todos los cañones apuntando a la pandemia hay que ver cual es el mejor momento para impulsar públicamente los proyectos con más énfasis

En definitiva, hay un punto, en las organizaciones,donde solo con la experiencia no alcanza. Hace falta la articulación de cuadros técnicos, de marcos legales. Es abrir el abanico a cómo capitalizar la experiencia. No solo quedarse en lo bueno que uno puede hacer, sino además darle una envergadura de otra escala.

#PFFM – ¿Cuáles son los puntos de inflexión que permitieron en Gente Nueva dar esos pasos hacia adelante donde las demandas de los barrios, la organización y la política no se eliminan unos a otros en las superposiciones, sino que se van recuperando en un plano distinto?

FI – La complejidad, con lo bueno y a veces lo dificultoso de Gente Nueva, es su volumen, su gran amplitud y también su tiempo. La historia por un lado te respalda, te da soporte, pero por otro lado no es fácil sostener lo que hay. Hay cambios que llevan su tiempo, y que en una organización más joven son más fáciles de movilizar. En sus cuarenta años de trabajo territorial, Gente Nueva ha pasado por distintos núcleos o marcos ideológicos. Arrancamos actuando desde los debates y la militancia social más propia de la opción por los pobres de la Iglesia de los años ochenta. Después vinieron los años noventa, donde se puso a la orden del día una lógica más al estilo de las ONGs, y en el lado de la organización social apareció toda la fuerza educativa de la educación popular. 

Respecto a los puntos de inflexión, creo que los altos momentos se dan cuando como organización no solo te dedicas a resolver y resistir los embates de coyuntura, sean las crisis económica o los debates sobre la ampliación de derechos, sino cuando podes parar la pelota y proyectar para adelante. Esos fueron los momentos donde pudimos dar un salto de escala y amplitud de los proyectos educativos, o pasar de la legitimidad al reconocimiento de la figura de las escuelas, o a la provisión de cuadros políticos técnicos. Y pudieron darse cuando paramos la pelota y proyectamos no solo la resolución de las cosas hacia atrás, sino una proyección para delante. En parte es un pensar estratégico, un pensar en sostener lo que hay pero poniendo una vuelta de tuerca más. 

Por eso insisto en lo importante que es una buena lectura de la escala nacional. Cuando uno puede acomodar su abono territorial a un momento que te lo da el marco nacional, sea de avance o de retroceso, se dan las condiciones que te permiten crecer, avanzar o, llegado el momento, resistir de una mejor manera. 

Por ejemplo, el periodo del 2007 al 2011 se dio un buen salto de actualización de las banderas que sostenemos en Gente Nueva, por la provisión de varios de los compañeros a la esfera más pública, partidaria, o de cuadros técnicos. Y se dio con una lectura necesaria para no acompañar únicamente lo territorial sino el momento nacional del momento. Tampoco es solo en cuestión ideal, sino material, concreta, de por donde uno avanza, a donde están las condiciones y cuál es la relación de fuerzas. Ahí me parece necesario ese momento.

PFFM – Hablás de las banderas que se fueron actualizando en el propio devenir de la organización y el país. En ese sentido, ¿cuándo fue que emergió como tal el problema de la tierra y hábitat para las tareas de Gente Nueva? 

FI – Justamente, lo que posteriormente se convertiría en Gente Nueva emergió por el tema de la tierra en el año 82. Por entonces hay una anécdota con Adolfo Peréz Esquivel, que lo habían soltado de su detención ilegal y Esaine lo trajo a Bariloche. Se juntaron con el cura Juvenal, y él le prometió a Adolfo “acá, en este barrio dónde estamos parados, vamos a regularizar el terreno y a hacer una escuela”. 

La potencia educativa de Gente Nueva nace primero de la problemática de la tierra. Un montón de vecinas y vecinos de Virgen Misionera estaban a principio de los ochenta con la necesidad importantísima de conseguir tierras para vivir, y otro montón había ocupado terrenos y era necesario colaborar y ayudar a que los regularicen. Al principio, la organización se llamó Equipo Pastoral de Tierras. Más en los años 2000, se dio nuevamente un proyecto importante en otro barrio para que cerca de sesenta y ochenta familias puedan acceder y regularizar su situación. 

En Bariloche la presión inmobiliaria es atroz por los precios y la valorización turística. También hay una disputa con el Colegio de Escribanos respecto a la situación de los institutos de tierra y vivienda, porque estamos detrás de la ley de tierras hace más de veinte años con un movimiento de vecinos, y sobre eso hay un equipo muy consolidado de Gente Nueva dando disputas diariamente. 

Resalta también la cuestión de los pueblos originarios, donde se dan situaciones de recuperación de territorios, que en general son vecinos de los barrios donde trabajamos nosotros. Es una problemática transversal, histórica, y por la misma lógica que tiene Bariloche hacia adelante, es muy compleja, pero se están viendo muchas puertas de salida al respecto. Es un tema que preocupa a las autoridades municipales, pero hay decisiones más de fondo que se tienen que tomar, porque no tiene salida. Tanto en Bariloche como en otros lugares del país, el tema de la provisión de servicios, de recursos naturales y etc, es muy complejo.

“En las organizaciones a veces ocurre que hacemos un corte entre nosotros y el Estado, algo que en la práctica nos traba, porque no es real, y que ademas nos desresponsabiliza de las tareas.

PFFM – En tu descripción hay algunos temas que atraviesan de manera transversal el trabajo de la organización: interculturalidad -con la presencia de pueblos originarios y los conflictos de tierra-, medio ambiente, trabajo, juventud. ¿Cómo está parada Gente Nueva hoy, en cada una de estas cuestiones, y cómo las proyectan pensando hacia el futuro?

FI – Algo que vemos como organización es que si bien hay temas y tareas concretas y focalizadas, no nos posicionamos como una organización social de un tema particular, sólo género, solo interculturalidad, solo educación o sólo tierra. Las cuatro tareas que mencionan las queremos abordar transversal y articuladamente. Si bien cada una tiene sus cuestiones específicas y sus grupos que lo trabajan, como organización queremos plantearlas desde la óptica y el enlace de ser parte de las mayorías populares de nuestro país.

El tema de la inteculcturalidad es complejo por lo que se sabe publica e historicamente en cuanto a la discriminacion y el genocidio del pueblo mapuche. En cuanto a las tareas que encarnamos en ese tema, hay más una cuestión de ponernos en sintonía y a disposición de. Hay un buen entramado tanto en Bariloche como en Neuquén de organizaciones de pueblos originarios que comandan y avanzan con las cuestiones, y ahí donde somos llamados o podemos ser parte nos incorporamos. La potencia de lo educativo respecto de lo multicultural abre una posibilidad y una dinámica importante a profundizar. Tenemos diez escuelas, muchísimos alumnos y muchos de ellos se reconocen parte de los pueblos originarios. Ahí se hace lugar a instancias educativas diarias, y después el entramado más a nivel de articulación.

El tema del ambiente también está en un lugar muy sensible, porque Bariloche está enclavado en un Parque Nacional. Ahí está la disputa no solo por la cuestión del cuidado material del ambiente, sino también por el cuidado económico del usufructo respecto al ambiente y las regalías que puede dar el tema. Bariloche es una ciudad que en cuanto al ambiente no está planificada. Cada nueva ocupación de tierras genera problemas donde por ejemplo, en un contexto de sequía, la provisión agua para esos barrios populares queda muy comprometida. Por eso como organización estamos siendo parte también de unos proyectos con el Ministerio de Medio Ambiente. También hay un desafío en cuanto a lo ambiental que tiene que ver con la cultura, porque muchos pibes y pibas no terminan de reconocer el entorno natural y el Parque Nacional en el que viven por la misma lógica de segregación de muchos de los barrios. Es una tarea educativa y de articulación. 

Respecto al trabajo hay un desafío para adelante en cuanto a la formación y los proyectos que apunten hacia las oportunidades que abre ser la localidad de INVAP, importantísimo núcleo científico tecnológico de Argentina. Ahí es donde apuntamos el diferencial de formación profesional o de capacitación para el trabajo.También hay una pata más histórica, muy importante y que está bueno seguir sosteniéndolo, de formación en oficios más tradicionales. Son respuestas a salidas laborales rápidas en un mercado de circulación de economía popular: herrería, electricidad, carpintería, cocina, operador de computadoras. Está bueno sostenerlo, porque se brinda una rápida respuesta a un momento económico y político social determinado. Pero pensando para adelante  como organización en general tenemos que preguntarnos si nos quedamos solo apuntando a formación de oficios básicos, o si podemos pensar también en formación, capacitación y espacios educativos que tengan que ver con la pata científico tecnológica, poniéndolo en horizonte pensar la organización en un enclavado educativo, formativo, laboral y de mercado local de trabajo más amplio. 

PFFM – ¿Dónde se puede conocer el trabajo de Gente Nueva?

FI – Hoy tenemos dos instancias. En Facebook nos encuentran como Gente Nueva Oficial. Además tenemos la página web: gentenueva.org. Es una tarea fundamental de las organizaciones actualizar su paquete comunicacional, por eso estamos trabajando en eso. 

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